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Mes: enero 2013

Desafíos de 30 Días – Aprendiendo a andar en Rollers

Desafíos de 30 Días – Aprendiendo a andar en Rollers

Mi segundo desafío de 30 días fue aprender a andar en Rollers. Puedo decir felizmente que este desafío fue un éxito, aunque probablemente haya hecho algo de trampa, ya que disfruté tanto del proceso que terminé dedicándole más horas que las que había planeado.

Mi objetivo en este caso era simplemente “saber andar en rollers.” Al no saber qué tan difícil sería lograrlo o cuando iba a considerarlo cumplido, me fue difícil pronosticar el tiempo requerido. Habiendo dicho eso, con tan solo 2-3 sesiones de práctica ya pude andar decentemente, por lo que el objetivo se cumplió en tan sólo un décimo del tiempo. A partir de ahi, fue todo beneficio extra. Hubo mucho extra!


He aquí algunas lecciones, revelaciones y problemas que tuve durante mi experimento aprendiendo a andar en Rollers:

La motivación intrínseca es esencial para un esfuerzo prolongado.

Andar en rollers es algo que siempre me pareció interesante, por lo que la motivación inicial fue puramente intrínseca, a diferencia del experimento con Python donde lo encaré debido a su supuesto valor social. Esto lo noté especialmente a la hora de sentir frustración cuando algo no salía como yo quería: en el caso de los rollers no solo ansiaba intentar de nuevo, sino que hasta me parecía divertido.

Conclusión: es muy importante áprender cosas que nosotros consideramos importantes, o al menos transferir la motivación desde afuera hacia adentro, para así aguantar los vaivenes del proceso.

Es preferible tener un modelo para emular.

Antes de siquiera comprarme los rollers, me puse a ver videos en Youtube sobre cómo empezar a aprender, cosa que repetí a lo largo del mes. Esto sirvió por dos motivos. Primero, para acercarme al proceso, y quitarle miedo a la experiencia. No es lo mismo ver videos de expertos haciendo cosas que consideramos imposibles que ver a alguien haciendo algo simple y entendible.

Segundo y más importante, me sirvió para saber a qué “apuntar.” Si uno empieza a practicar sin saber cómo debe verse el resultado final, hay mucho más prueba y error ineficiente que si uno ya tiene un modelo finalizado en la cabeza.

Conclusión: Siempre intentar definir el resultado final lo más posible para no desviarse demasiado en el proceso de aprendizaje.

En lo posible, es preferible intentar combinar el proceso con otras tareas.

Los rollers tuvieron una ventaja que muchas otras habilidades no tienen: pueden complementarse con otras actividades. En este caso, los primeros 3 días del mes estuve todo el tiempo con los rollers puestos en mi casa. Esto no era para saber andar, ya que eso solo puede hacerse en campo abierto, pero para acostumbrarme al sentimiento de caminar y pensar en otras cosas andando en rollers. Mientras trabajaba, almorzaba o iba al baño, los rollers siempre estaban en mis pies.

Conclusión: si la habilidad te lo permite, es preferible intentar combinar lo que uno está aprendiendo con otras actividades para “naturalizar” la experiencia.

Tener compañía ayuda.

Por pura casualidad de la vida, hubo unos 3 amigos que empezaron a andar en rollers al mismo tiempo que yo, por lo que varias veces salimos juntos. A la hora de aprender, esto fue vital. No solo para debatir sobre qué funciona y qué no, sino para motivarnos. Ya sea por competencia o por apoyo, tener gente pasando por el mismo proceso con uno es de gran ayuda.

Conclusión: Siempre es buena idea, cuando la habilidad lo permita, buscar externalización de deseos y presión a través de otras personas.

Mientras más estructura es necesaria para empezar, más difícil es parar.

Cada vez que quería practicar, tenía que armar la mochila con los rollers y protectores, e irme a un parque a media hora de casa. Debido al esfuerzo para comenzar, era normal a veces postergar salir de mi casa, y en un par de ocasiones terminé salteando la práctica ese día porque preferí quedarme trabajando en otras cosas. Pero una vez que llegaba al parque, no había razón para parar antes de tiempo. No había distracciones, y generalmente terminaba practicando una o dos horas más de lo planeado.

Conclusión: Es ideal encontrar un balance entre el esfuerzo necesario para ponernos a practicar, y la dificultad que implicaría dejar de practicar antes de tiempo.

Adquirirlos fue el mayor esfuerzo.

En el caso de las habilidades que requieren una herramienta específica, como los rollers o un instrumento musical, muchas veces postergamos el aprendizaje debido a no tener dicha herramienta. Si la tuviésemos, tal vez habríamos comenzado hace mucho tiempo. Por lo tanto, mi único objetivo del primer día no fue aprender a andar en rollers, sino simplemente ir a comprarlos. Si hacía eso, ese primer día sería un éxito. Al mismo tiempo, una vez que poseemos la herramienta necesaria, la motivación por comenzar a usarla se multiplica varias veces. Tener unos rollers juntando polvo era una idea que no me entusiasmaba para nada.

Conclusión: Es conveniente dividir los pasos de aprender algo nuevo. Si primero tenemos que adquirir algún material específico, es buena idea olvidarnos de la parte de la práctica y enfocarnos sólamente en juntar las fuerzas para conseguir dicho material. Las ganas de practicar vienen solas cuando removemos ese obstáculo.

Andar en rollers es un conjunto de habilidades.

Mi objetivo era saber acelerar, frenar, doblar y mantener el equilibrio. Estas son cuatro habilidades que se deben aprender casi por separado. Pero andar en rollers puede comprender muchas más, como saltar, andar para atrás, andar en un pie, etc. Fue clave para que mi experimento sea exitoso definir exáctamente las sub-habilidades en las que me iba a enfocar para concentrar mis esfuerzos y ver resultados temprano.

Conclusión: Siempre conviene definir y precisar qué conjunto de sub-habilidades vamos a aprender. Todas las habilidades se pueden descomponer, y si no lo hacemos, a veces la montaña que tenemos que escalar es muy grande. Es mejor ir paso a paso.

El que más se golpeó, más aceleró su aprendizaje.

Durante los primeros días, uno de mis amigos se golpeó varias veces más que yo. Originalmente pensé que yo estaba aprendiendo más rápido que él debido a que no me caía tanto. Pero luego de esos primeros días, debido a su elección por arriesgarse más con su proceso, también aprendió más rápido que yo. A medida que incrementé la demanda que me hacía a mí mismo, y aumentaron los porrazos, también se incrementó mi velocidad de aprendizaje.

Conclusión: Para aprender aceleradamente, es necesario estar siempre “en desventaja.” Sólo cuando nos forzamos a aprender un poco más de lo que sabemos (pero no al punto de que sea imposible), podemos encontrar picos de aprendizaje. Si priorizamos la comodidad, vamos a hacer menos el ridículo, pero también vamos a ir mucho más lento de lo que podríamos.

La Vulnerabilidad (se está volviendo) Sexy

La Vulnerabilidad (se está volviendo) Sexy

El otro día, mi amiga Sara escribió en Facebook: La vulnerabilidad es sexy.

El post recibió un montón de likes y comentarios estando de acuerdo. Este es otro episodio más que he visto recientemente resaltando la importancia de la vulnerabilidad:

  • Hace poco fui invitado a un grupo de Facebook enfocado en mostrar tu lado vulnerable y expresar lo que sentís.
  • Unas noches atrás tuve una cena con un grupo de amigos del colegio (nos juntamos para estas cenas con frecuencia desde hace 8 años), y uno de ellos dijo “nunca vamos a llegar al siguiente nivel al menos que podamos mostrarnos vulnerables entre nosotros.
  • Almorzando con una conocida, ella explicó cómo nos presentamos en las redes sociales, construyendo nuestras imágenes cuidadosamente para mostrar sólamente lo que queremos que se vea, mientras escondemos nuestras partes más oscuras.
  • En su nuevo libro sobre meta-aprendizaje, Tim Ferris dice que si tuvieramos que resumir los descubrimientos de los últimos 100 años de psicología del comportamiento, diríamos que la lógica falla, porque estamos aprendiendo que la mente humana está llena de limitaciones y procesos simples que no están bien preparados para lidiar con todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Pareciera que finalmente estamos aceptando nuestra fragilidad. Hasta la ciencia, la “religión secular”, nos está diciendo “pará, no somos TAN grosos.” El antropocentrismo de nuestro mundo secular está empezando a dejar entrar algunas nuevas ideas: que no estamos tan bien preparados para encarar el mundo actual como pensábamos. A esto se refiere Alain de
Botton cuando dice que necesitamos una visión más gentil del éxito.

Es posible que sea por esta razón que el género de la novela haya explotado en las últimas décadas: para tener una manera de expresar nuestra soledad, en el caso del escritor, y para sentirnos menos solos, en el caso del lector. Ben Casnocha explica en su post reciente:

“[…] El alivio llega cuando el lector reconoce en el personaje elementos de la experiencia humana que rara vez son articulados con completa honestidad y vivacidad. En ese momento, te sientes menos solo por tener pensamientos similares, y por vivir las mismas cosas. Con frecuencia, estos elementos reconocibles en una novela son características de la naturaleza humana que odiamos de nosotros mismos, y que escondemos con privacidad: dishonestidad, codicia, lujuria. Pero, con la misma frecuencia, estos elementos incluyen complejidades más benignas, como el amor, el propósito, y la vida después de la muerte.”

Lo interesante es que durante mucho tiempo, las historias sobre nuestros defectos más comunes y profundos venían de parte de las religiones. En Religión para Ateos, el libro más reciente de Alain de Botton, vemos que en un mundo donde no tenemos a nadie que alabar más que a nosotros mismos, debemos tener cuidado a la hora de desmerecer a las religiones hasta que no entendemos qué rol jugaron siempre en nuestros bienestar. Incluso si pensamos que las religiones son cuentos de hadas, debemos ver porqué fueron “inventadas” en primer lugar.

Parece ser que debido a nuestra necesidad de comunidades y vulnerabilidad.

También hay algo para decir acerca del rol que la tecnología juega en nuestro miedo de exponer nuestras heridas (estoy seguro que hay una conexión entre el crecimiento de la secularidad y el crecimiento de la conectividad, pero no me animo a establecer opiniones respecto a un tema tan complejo). No solo es más difícil encontrar donde abrirnos dentro de nuestros contextos usuales, sino que la idea de que “podemos ser
nosotros mismos”
 online también parece ser un mito. En una charla reciente (documentada por Blake Masters, Peter Thiel habla sobre el problema de la transparencia online en cuanto a lo que sentimos que podemos decir:

“La internet probablemente hace que la gente que sea más parecida en lugar de diferente. Hay que pensar desde el ángulo de la auto-censura. Si todo lo que decís queda permanentemente archivado para siempre, es más probable que seas más cuidadoso con tu discurso. Mi mayor preocupación con respecto a la transparencia es que limita el rango de lo que es aceptable debatir.”

Estamos viviendo en una jaula (que construimos nosotros mismos) de lo que Scott Peck llama individualismo fuerte:

“De todas las variantes de la vulnerabilidad, la más difícil de revelar es la de alguna imperfección, problema, neurosis, pecado, o fracaso–lo que tiende a ser titulado “debilidad” en nuestra cultura de individualismo fuerte. Es una actitud cultural ridícula, porque la realidad es que, como individuos y como naciones, todos somos débiles. Todos tenemos problemas, imperfecciones, neurosis, pecados, fracasos. Intentar esconderlos es una mentira.”

Peck dice que para transformarnos, necesitamos desarmarnos:

“Puede parecer extraño en nuestra cultura de individualismo fuerte que esta transformación ocurra precisamente cuando empezamos a “desarmarnos”. Mientras nos miremos los unos a los otros sólamente a través de las máscaras de nuestra compostura, vamos a mirarnos con duros ojos. Pero a medida que la máscara se cae y empezamos a ver el sufrimiento y coraje y ruptura y dignidad profunda debajo, verdaderamente empezamos a respetarnos los unos a los otros como seres humanos.”

Esta paradoja es la clave para avanzar. Hay un lado positivo en tratar de ser invulnerable, y es el intentar mejorar, ser más fuerte, más sabio… Pero, solo podemos hacer eso si aceptamos que, al final, somos frágiles, que la perfección es inalcanzable, y que necesitamos una verdadera comunidad y apoyo. Para soportar la vida apropiadamente, debemos estar dispuestos a abrirnos los unos a los otros. Soltarse y amar plenamente (dando todo lo que tenemos) es la única defensa posible.

Conclusión

Mirando atrás, este es el resultado lógico de un mundo donde se nos ofrece y pide demasiado. Cuando todo es posible, todo es deseado, y por lo tanto, estamos condenados a fracasar en obtener todo lo que queremos. Esto no es algo malo per se, pero actualmente esto es un problema mayor porque no tenemos a nadie que culpar más que a nosotros.

Solíamos tener Dioses y Reyes elegidos por Dioses, pero ahora nos tenemos a nosotros y a gobernantes como nosotros. Cuando admirábamos a un ser superior, era más fácil para nosotros aceptar nuestras deficiencias y aceptar la situación arbitraria en la que nos puso el destino. Ahora, admiramos gente igual a nosotros. Miramos a nuestros ídolos modernos en los medios y nos son presentados como individuos perfectos. Se nos hace creer que es posible alcanzar alguna forma de invulnerabilidad. Nunca podemos echar un vistazo a sus preocupaciones y obstáculos, que nos parecerían tan familiares si tuvieramos la oportunidad.

En un mundo donde nuestras instituciones más antiguas (religiones, gobiernos y universidades/escuelas) están siendo constantemente criticas y ridiculizadas, nos quedamos sin ninguna estructura de apoyo para que nos guíe y cuide. No nos queda otra opción más que aceptar nuestras limitaciones. Incapaces de sobrellevar este dilema, y atemorizados por las amenazas que esas limitaciones nos presentan en la “lucha” que es la vida, recurrimos a esconder nuestros defectos, miedos y errores. Recurrimos a crear una mentira externa, donde podemos deslizarnos sin problemas en la sociedad, para que así la gente no nos vea como objetivos débiles y fáciles.

Olvidando que todos somos iguales en estos aspectos, sufrimos en soledad, nunca abriéndonos a nuestro prójimo para decirle: Tengo miedo, estoy preocupado, me siento solo. Intentar parecer invulnerable es lo mejor que se nos ocurrió para no parecer indefensos. Es por esto que hay un clamor por vulnerabilidad. Porque no aguantamos más, ni se suponía que lo hagamos.

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