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Mes: abril 2013

Lecciones de “El Mundo de las Ideas”

Lecciones de “El Mundo de las Ideas”

En el 2012 fui Profesor Ayudante en la primera edición de El Mundo de las Ideas, un curso donde los participantes desarrollan sus ideas y creatividad en equipo, y aprenden habilidades para comunicarlas y llevarlas a la acción. Liderado por Gerry Garbulsky y Melina Furman, y con profesores invitados de la talla de Mariano Sigman, Marcelo Birmajer y Diego Golombek, el curso fue un bombardeo de ideas del que fue imposible no salir transformado.

Preparándonos para el lanzamiento de la edición del 2013, me pareció buena idea compartir tres observaciones que tuve en esa primera edición:

1- Todos los temas pueden volverse interesantes con el ángulo correcto

En nuestra primera camada de participantes tuvimos un grupo 100% multidisciplinario. Músicos, empresarios, doctores, biólogos, profesores de yoga, y más. Nos intrigaba ver la interacción entre perfiles tan diversos. ¿Qué pasaría cuando los músicos tengan que escuchar a los científicos, o los empresarios a los doctores?

La sorpresa fue que todos se sintieron motivados e interesados por los campos de conocimiento de sus compañeros. Aprendimos que todo puede ser interesante cuando se acerca con el ángulo correcto. En el curso, los participantes desarrollaron sus habilidades de “story-telling,” y aprendieron a estimular las emociones de la audiencia. Eso ayudó a que temas que en principio no parecían relevantes para algunos, eventualmente los conmuevan y les disparen nuevas ideas.

Eventualmente, esta información y apertura a mundos de contenido desconectado del día a día de cada participantes sirvió para aportar nuevos ángulos y posibilidades a las ideas que cada participante desarrolló a lo largo del curso.

2- Confiamos demasiado en la lógica y el contenido

A lo largo del curso, los participantes tuvieron que dar una serie de presentaciones, desde temas personales, hasta proyectos concretos. Un feedback que surgió una y otra vez fue el de apelar más a las emociones de la audiencia. Era muy normal, para gente que era experta en su campo, suponer que el contenido podía aguantar la presentación por sí mismo.

En el curso los participantes aprendieron que no somos tan racionales como creemos, que nos distraemos rápido, y que más allá de nuestra buena voluntad, si el orador no nos engancha, entonces nos pierde.

Entender a nuestra audiencia antes de presentar una idea, y cómo conectar emocionalmente para mantener su atención, es otra lección de El Mundo de las Ideas. Los participantes aprendieron el poder del factor psicológico y emocional cuando se suma a un gran contenido.

3- No hay suficientes espacios para permitirnos ser curiosos en grupo

Esta puede ser una observación sesgada, pero estoy convencido de que se necesitan más espacios como El Mundo de las Ideas. Espacios donde las demandas estén en la atención pero sin un objetivo concreto y limitante. Un ambiente donde uno pueda ir a dejarse llenar por estímulos, conceptos, perspectivas, personalidades, filosofías.

Mi análisis personal es que el curso les dio a los participantes algo que ellos no esperaban: les dio un descanso. Un descanso de la vorágine, de los numerosos y urgentes propósitos cotidianos, un recreo de la mente en el que, mientras recorría nuevos paisajes, al mismo tiempo encontraba un foco. El Mundo de las Ideas tiene un balance fascinante entre estructuras y flexibilidad que permite que la explosión de ideas no quede en la nada, pero a la vez deja que el participante haga del proceso lo que considere mejor en su caso particular.

Una vez terminada la universidad, pocas personas vuelven a participar en lugares donde está bien no saber, preguntar, y explorar su curiosidad con otros y sin dirección pre-definida pero con un objetivo final: trabajar de a poco sobre una idea para contagiar su pasión al mundo. Esto ocurre en El Mundo de las Ideas.

Por otro lado, este tipo de espacios generan un beneficio más concreto y práctico: dejar crecer la “corazonada lenta”. El concepto de corazonada lenta proviene de Steven Johnson y su libro de creatividad e innovación llamado “De Dónde Vienen las Buenas Ideas.” Esta idea nos dice que para poder ver una idea crecer y transformarse en algo útil e importante, es necesario darle tiempo. En muchos casos, no se puede forzar o acelerar la innovación, se necesita esperar.

El Mundo de las Ideas fue un lugar donde los participantes pudieron dejar que su curiosidad lentamente haga latir y transforme sus ideas.

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