Browsed by
Mes: febrero 2016

“¿A quién más debería conocer?”

“¿A quién más debería conocer?”

encuentro

Allá por 2012 había regresado a Buenos Aires después de un par de años de viaje. Fue la primera vez en mucho tiempo que estaba interesado en crear valor como emprendedor en mi ciudad. Los cuatro años previos me había enfocado en desarrollar relaciones y proyectos con personas de otros países que conocí online. Este fue el período que dio a luz a mi blog, mi primer startup, las bases de mi red internacional, y una serie de pequeños experimentos.

Sin embargo, rápidamente noté el precio de mi orientación internacional: más allá de mis círculos cercanos de amigos y familia, no conocía a nadie en la ciudad, ni sabía en QUÉ debía trabajar. Lo único que tenía era entusiasmo. Era alguien con una red internacional de decente tamaño y una red local inexistente, tratando de hacer que “algo” suceda a nivel local. Situación complicada.

En ese momento, yo estaba trabajando como aprendiz pago para mi mentor en los EE.UU., así que tenía una cosa a favor: podía invertir mi tiempo libre en nuevas oportunidades de colaboración donde no necesite recompensa monetaria. Cuando el dinero no es el objetivo primario, uno puede crear otras formas de riqueza rápidamente, como capital social o conocimiento. Si uno piensa en el largo plazo, estas formas de riqueza a menudo conducen a más dinero que la búsqueda directa e impaciente.

Lo primero que hice fue buscar online a quién quería conocer. No me preocupaba demasiado entender por qué quería conocer a alguien en particular; mi curiosidad era brújula suficiente. Mi único criterio era: ¿qué probabilidades hay de que ellos sean parte de redes amplias y diversas, y si llevo adelante una vida profesional no convencional. Esto era importante para mí porque quería que cada persona que conozca me abriera puertas para conocer aún más personas, y porque serían más comprensivos respecto a mis propias decisiones no convencionales.

Después de identificar algunos nombres, procedí a a) escribirles por correo, b) asistir a eventos u otros lugares que frecuentaran, o c) en pocos casos, pedir una presentación de algún conocido (por ejemplo, un argentino que vivía en Tailandia, que me conoció por mi blog en inglés, me presento en Buenos Aires a quien sería mi mentor durante 2 años). Empecé a reunirme con estas personas en confiterías y bares tan a menudo como podía, a veces conociendo cuatro o cinco por día. Mi estrategia para cada reunión era la misma:

  • Entender su situación personal, sus objetivos, y su análisis del emprendimiento y la tecnología en Buenos Aires.
  • Contarles un poco de mi historia y lo que quería entender de la escena local.
  • Preguntar cómo podía ayudarlos.
  • Sobre el final, preguntar: “¿A quién más debería conocer?”

Mi único pedido era que me presenten a alguien nuevo. Cualquier persona que consideren que yo apreciaría. La gente quiere ayudar siempre que el pedido sea razonable considerando sus compromisos actuales. Más aún si uno da la impresión de tener potencial de llegar lejos. Yo era joven, así que lo único que podía comunicar era potencial.

Nota aparte: Una de las desventajas de envejecer es que el potencial se hace más y más difícil de comunicar, y los logros (o carencia de ellos) empiezan a hablar por uno.

Debido a que mi solicitud era sencilla, y que trataba de ayudarlos a ellos también, casi todos me presentaban gente nueva, quienes a su vez me presentaban más gente. Así fue como en 6-8 meses, pasé de no conocer a nadie a nivel local, a ser uno de los jóvenes más conectados en el mundo emprendedor de la ciudad. A veces digo en mis charlas que 2012 fue “el año de los cafecitos”, debido a la cantidad de tiempo que pasé en confiterías conociendo gente.

Este período de “exploración de personas” me llevó a tres redes locales que fueron clave en mi proceso de aprendizaje:

1) Me uní a un pequeño club privado que invitaba a expertos validados a que expliquen ideas complejas o polémicas, o a contar su historia personal, para luego tener un diálogo con el grupo. Así pude conocer y/o identificar a líderes locales en diferentes campos, lo que me ayudó a tener una imagen más clara de las oportunidades en Buenos Aires.

El fundador solía decir que “el networking era daño colateral” para el club, ya que prefería que cada reunión sea para escuchar al experto en lugar de hacer conexiones profesionales. Viendo que muchos de los miembros originales han puesto en marcha varios proyectos exitosos juntos, es obvio que el networking fue beneficioso para todos. Hasta el día de hoy, este club reune algunas de las personas más curiosas e interesantes de Buenos Aires.

2) Después de conocer a mi mentor y ser contratado por él ese mismo día (historia para otro día), ayudé a lanzar un ahora-famoso taller de creatividad en la ciudad, del que también fui profesor asistente por dos años. Debido a su disponibilidad limitada, altos precios, y la reputación de sus fundadores y profesores invitados, el taller atrajo personas exitosas de todos los campos. De hecho, el criterio principal de selección era la diversidad de experiencia de los participantes.

3) Armé una comunidad de jóvenes curiosos, que combina conversaciones online con cenas y retiros para hablar de la vida y los negocios con mayor profundidad que lo haríamos en nuestros círculos más conservadores. Este grupo me dio algunos de quienes hoy son mis mejores amigos, en un momento en el que me sentía incomprendido debido a mis intereses. También se convirtió en una fuente masiva de conexiones, clientes, puestos de trabajo, etc., no sólo para mí sino para muchos de los miembros más activos. Hoy en día, el grupo tiene +700 miembros, y sigue creciendo día a día.

Ya no voy al club privado, ni frecuento las redes del taller de creatividad. Coordino con un amigo las cenas mensuales del grupo que empecé, pero eso es todo. Hoy tengo una mejor comprensión de las oportunidades y obstáculos de la escena local. Mi objetivo actual es ejecutar y evitar distracciones como networking.

La lección que quiero remarcar de este proceso de exploración es que en lugar de preguntarnos “¿Qué debo hacer?” cuando buscamos nuestro próximo paso, deberíamos preguntarnos “¿A quién debería conocer? ¿Quién tiene una perspectiva, un conocido, una idea, que podría desencadenar los cambios que deseo en mí mismo?”

Lamentablemente, esta idea es poco popular. Vemos a otras personas como puertas a empleos o clientes, pero las subestimamos como puertas a nuevas ideas o formas de pensar. Creemos que la manera de salir de una encrucijada o incertidumbre profesional es “pensar mucho” o hablar con nuestros conocidos, cuando la realidad es que hay más oportunidades e ideas AFUERA de nuestros círculos inmediatos.

Mientras no tengan un incentivo para empujar su agenda particular (medios, eventos, “expertos”, etc.), las personas siguen siendo la fuente más actualizada y pura de información. El valor de tener una red robusta y diversa es que mientras más personas conocemos, mejores son las probabilidades de saber QUIÉN es la respuesta a la pregunta o problema que tenemos.

La curiosidad en un mundo colaborativo

La curiosidad en un mundo colaborativo

curiosidad

Uno de los libros más importantes que leí en mi vida es “The Rapture of Maturity”, por Charles Hayes. Aunque el contenido no es revolucionario (venimos escribiendo acerca de cómo vivir bien hace miles de años), me llegó en un momento clave de introspección personal.

Uno de los puntos principales en el libro, y que ha sido un motor detrás de todo lo que hago, es que madurez significa aprendizaje permanente. La desconexión, dice Hayes, es el mayor problema de la humanidad, y ocurre porque los humanos no aprendemos los unos de los otros:

“Aprender sobre el mundo lo vuelve más pequeño. Aprender sobre las personas que se encuentran lejos los trae más cerca. Aprender sobre los enemigos nos ofrece una oportunidad para mejorar las relaciones. Comprender las fuerzas detrás de la desigualdad humana nos ayuda a alcanzar la madurez y a forjar las bases de la civilización”.

Otro concepto de Hayes es la autenticidad, requisito clave si estamos interesados en el aprendizaje y en alcanzar la madurez:

“Mi misión ha sido demostrar que la calidad de nuestra existencia depende del aprendizaje. Por esto no me refiero a la memorización de hechos, sino a los sinceros esfuerzos por comprender mejor la naturaleza del conocimiento y de la construcción cultural de aquello que llamamos realidad. He llegado a la conclusión de que la madurez es un producto de la autenticidad, y que autenticidad implica vivir la vida como si estuvieramos realmente interesados en ella”.

El camino hacia una sociedad compuesta por individuos maduros, auténticos, y empáticos comienza con personas interesadas en aprender sobre el mundo. Comienza con la curiosidad.

¿Qué inspira la curiosidad?

Según mi experiencia y observaciones, algunas personas no son curiosas. No quieren encontrar mejores maneras de hacer las cosas, o averiguar cómo podrían estar equivocados, o descubrir nuevos campos de información. No quieren ampliar su visión de la realidad.

Esto es lógico. Aprender es doloroso y lento (es por esto que la mayoría de las personas cambian sus vidas después de que algo inesperado les ocurre, no porque lo busquen). Aprender requiere abandonar alguna creencia que nos costó adquirir, o reorganizar nuestra visión del mundo, y construir nuevos modelos mentales. Ya sea comprender otra religión, o cómo estar soltero nuevamente a los 50, o cómo llegar a la oficina más rápido, aprender demanda esfuerzo y tiempo.

Creo que la vida diaria de mucha gente hace que la curiosidad sea mucho pedir.Aprender requiere invertir nuestros recursos y postergar la gratificación, un precio que algunas personas simplemente no pueden pagar en sus circunstancias actuales. La mayoría de la gente está demasiado cansada o preocupada o con demasiado dolor para invertir en su curiosidad.

Decile a una madre con cuatro hijos, sin educación, gramática pobre, con problemas de salud y un marido abusivo: “muchos puestos de trabajo están en riesgo de ser automatizados, por lo que deberías aprender a programar”.

No es que la automatización no va a ocurrir, o que ella no debería aprender nuevas habilidades. Debería, pero no le importa. No puede importarle. Sólo puede preocuparse por lo que sucede hoy. Por sobrevivir el día y llegar a la noche.

Aquí es donde vive la mayoría de la gente. En el hoy. La curiosidad es un lujo reservado para aquellos con una perspectiva largoplacista de la vida. La mayoría de la gente no tiene tiempo para la curiosidad. Ya sea porque luchan con condiciones médicas, o depresión, o inseguridades sociales, o aburrimiento, o aislamiento, o problemas financieros, la mayoría de la gente no puede pensar en el mañana. Están luchando con hoy, todos los días.

¿Cuáles son las condiciones para que la curiosidad florezca?

Para querer aprender y crecer, debemos crear circunstancias en las que la gente puede sentir que el aprender es seguro y útil. Hay tres condiciones para que la curiosidad florezca:

1) Debemos tener energía. Ya se por agotamiento físico al final de la jornada de trabajo, o por fatiga emocional porque es difícil ser “yo”, no queremos aprender cuando estamos cansados.

2) Debe ser útil hoy. Un gran obstáculo para la adopción de nueva información o cambios de comportamiento es sus pobres narrativas. Las personas beben gaseoase dietética y piensan que es saludable. Los intérpretes se resisten a la tecnología de traducción. Los medios de comunicación y los políticos etiquetan y simplifican diferentes perspectivas humanas, fragmentando nuestros esfuerzos colectivos en el proceso. Cuando se trata de avances tecnológicos, o tendencias económicas, choques sociales, o consejos de salud, la historia que contamos importa. Si queremos que la gente expanda sus puntos de vista y busquen el cambio, necesitamos historias que ponen a cada persona como protagonista y les ayudan a entender cómo cambiar puede ayudarlos hoy.

Dan Ariely llama esto “sustitución de recompensas”: dar incentivos a corto plazo para cambiar el comportamiento de hoy, de manera que esté alineado con el objetivo a largo plazo, en lugar de dar sólo incentivos a largo plazo.

3) Nuestra identidad debe sentirse protegida. No nos gusta aprender cuando nuestro identidad está en peligro. Adquirir la confianza necesaria para sentirse cómodo respecto a nuestras aspiraciones individuales es, creo yo, el camino más difícil de todos. Emerson dijo: “Ser uno mismo en un mundo que constantemente trata de que no lo seas, es el mayor de los logros.”

Desde un punto de vista cortoplacista, es más lógico dejarnos definir a través de nuestra nacionalidad, profesión, religión, etc. Cuestionar quienes somos y hacia dónde nos dirigimos es mucho esfuerzo para alguien que ya se siente abrumado por la duda diariamente. Una identidad flexible y definida internamente es la consecuencia de una vida de aprendizaje, no su punto de partida.

Mi objetivo es ayudar a la gente a encontrar contextos en los cuales aprender también significa resolver sus preocupaciones más urgentes, y donde se sientan lo suficientemente seguros para que aprender no sea una amenaza inmediata a su identidad. Y creo que el único lugar donde podemos encontrar estas condiciones es en nuestro trabajo.

El trabajo es la única área de la vida que puede proporcionar tanto estabilidad a corto plazo, en forma de salario, relaciones, pertenencia, y también brindar aspiraciones a largo plazo, en la forma de propósito, maestría, trascendencia y más.

En la era de la conectividad, todo trabajo implica colaboración. Si queremos empleo, empleados, clientes, socios o ideas, tenemos que buscar a las personas que ofrecen lo que necesitamos, y que necesitan lo que ofrecemos a cambio. Entender con quién hablar, dónde encontrarlos, y qué tipo de conversación deberíamos tener con ellos, es la clave para explotar todo el potencial humano.

Maximizar las colaboraciones, teniendo en cuenta los pros y contras de la tecnología actual, es el camino hacia un futuro optimista para el trabajo de todas las personas. Sobre esto se tratará este newsletter: descifrar cómo tener vidas profesionales saludables en un mundo colaborativo.

Creo que si creamos más alianzas mutuamente beneficiosas, veremos más individuos curiosos. Cuando podamos modificar nuestros entornos de trabajo y nuestras relaciones para que personas actuando con curiosidad sea preferible para todos, entonces podremos ver una sociedad auténtica, madura y justa.

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com