¿Qué perdemos cuando confiamos en los medios?

¿Qué perdemos cuando confiamos en los medios?

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Todos los días le damos nuestro tiempo y atención a los medios porque creemos que son el mejor modo de mantenernos actualizados en un mundo que cambia cada vez más rápido. Cada vez que un periodista entrevista a un autor, o que una revista habla de la vida de una celebridad, o que un panel discute sobre los dichos de un político, los medios nos sugieren que esas son las cosas relevantes en el mundo actual. Consecuentemente, también nos dicen qué cosas son irrelevantes al omitirlas.

Como resultado, invertimos más tiempo y recursos en los temas que los medios nos presentan, e ignoramos otras inversiones posibles porque desconocemos de su existencia o grado de importancia.

El incentivo que nos lleva a seguir a los medios es válido; debemos esforzarnos por mantenernos actualizados. Pero la premisa es incorrecta; los medios no representan los cambios del mundo con precisión. Estamos haciendo lo incorrecto por las razones correctas.

Creo que hemos llegado al punto en el cual los medios son más nocivos que beneficiosos. Creo que mientras más atención le damos, peores chances tenemos de encontrar las oportunidades que nos ayudarían a conseguir nuestros objetivos personales y profesionales. Y creo que la misma conectividad que trajo la expansión mediática también trajo mejores alternativas para mantenernos informados.

El precio de lo gratuito

El día que la información se volvió abundante, la gente dejó de pagar por ella. Ley de oferta y demanda. El modelo actual de negocio de los medios es acumular lectores/espectadores y vender acceso a esa audiencia en formato de publicidad. En su bestseller “Trust me, I’m lying”, Ryan Holiday explica las dinámicas y los incentivos que dominan a los medios (tanto online como offline), y formas concretas en las que manipuló a periodistas, bloggers, eventos, etc. para promover a las personas o empresas para las que trabajaba. Explica lo fácil que es engañar a los medios, quienes comparten cualquier cosa con tal de que les traiga más atención. Todos salimos perdiendo, dice Holiday:

“No podemos tener noticias de inmediato y bien hechas. No podemos reducir las noticias a 140 caracteres o menos y no perder partes en el camino. No podemos manipular las noticias y evitar que nos manipulen. No podemos tener las noticias gratis; sólo podemos oscurecer los costos.

La mayoría de la información online es gratis, pero pagamos con calidad. Por diseño, las noticias deben ser baratas y manipuladoras porque el cliente ya no es más el lector/espectador. Los medios ya no buscan conseguir dinero de su audiencia porque la gente no va a pagar. Los medios buscan conseguir su atención. Y resulta que lo que trae más atención NO es información verdadera, relevante y precisa. Si queremos información de alta calidad, debemos pagar por ella. Como dice Holiday: “ningún marketer va a publicar algo razonable, con cierta dosis de complejidad o emociones encontradas.”

Cualquier negocio que deba generar atención antes que calidad es un negocio de marketing. En la era de la información gratis, los periodistas se han vuelto marketers.

La ingeniería del compartir

La acción más valiosa que podemos tomar para los medios es compartir lo que vimos. Los medios quieren que discutamos sobre ese artículo, que enviemos ese video por email, que publiquemos el link en Facebook, y que etiquetemos a varias personas en los comentarios. Todos los aspectos de los medios actuales están diseñados para maximizar las probabilidades de que la audiencia comparta y popularice su contenido. Es la única manera de generar atención suficiente para sostener el negocio. Si el medio brinda contenido valioso pero la gente no lo comparte, su negocio fracasa.

Si cada artículo está creado con el objetivo de maximizar las chances de ser compartido, cabe la pregunta: ¿qué clase de contenido se comparte con más frecuencia? Nos gustaría creer que compartimos contenido de calidad, pero en realidad somos más propensos a compartir contenido que genera una serie de emociones muy particulares. Holiday explica:

“Debe ser negativo, pero no demasiado negativo. La desesperanza no nos motiva a hacer nada. La lástima y la empatía nos motivan a hacer algo real, levantarnos de la computadora y actuar. Pero las emociones que nos motivan a compartir son el enojo, el miedo, la excitación y la risa. Nos motivan a hacer algo que se siente como si estuviésemos actuando, pero en realidad probablemente estamos contribuyendo a una conversación insignificante y superficial.

Y Holiday remarca nuevamente: “la emoción que más compartimos es el enojo.”

Los medios no quieren informarnos. Quieren enojarnos y asustarnos y hacernos reir para que nos compenetremos con su historia y lo compartamos con los demás. Al igual que cuando vemos una película. El motor que mueve tanto la industria de los medios como del entretenimiento es la necesidad de atención, y frecuentemente deberíamos tratarlas por igual: representaciones semi-ficcionales y pobres de los hechos.

Hans Rosling, célebre estadista y profesor, estuvo hace poco en un noticiero y tuvo un debate acalorado con el anfitrión sobre la pobre representación del mundo por parte de los medios, y dijo:

No puedes confiar en los noticieros si quieres entender el mundo. […] Los noticieros muestran una pequeña parte, pero lo llaman “el mundo”. Puedes mostrar mi feo zapato, pero es solo una parte de mí.”

¿Deberían desaparecer los medios?

No. El rol de los medios en moldear y mejorar el mundo es incuestionablemente positivo. Los medios perdieron el rumbo en los últimos años debido a las nuevas tecnologías y una competencia feroz por la atención de las personas. Dudo que el sistema actual pueda evolucionar y salvarse, ya que está demasiado contaminado. Puedo ver inicios de nuevos sistemas que reemplazarán a los medios tradicionales como fuentes de información. El mundo será mejor el día que eso ocurra.

Mientras tanto, debemos ser ser espectadores estratégicos, para poder beneficiarnos de los medios sin ser víctimas pasivas de su agenda. Algunas sugerencias:

1) Rastrear los incentivos:

Es bien sabido que para llegar rápido a la televisión o al escenario es importante conocer a la gente correcta dentro de la industria, y darles el tipo de contenido que ellos buscan para capturar más atención de la audiencia. Esto significa que la manera más rápida de volverse famoso NO es presentar información precisa y de alta calidad, sino el tipo de información que genera las emociones que los medios promueven. Como parte de una audiencia que paga con su tiempo o su dinero, yo te pregunto: ¿estás conforme con esos métodos de selección de contenido? ¿Te sientes protegido y valorado por el sistema actual?

Cada vez que una persona u organización (llamémosla “X”) promueve alguna otra persona/producto/historia (llamémosla “Y”), X tiene un incentivo para elegir a Y por sobre otras opciones. Solo podemos confiar en la selección de los medios de qué es importante o irrelevante si confiamos también en su proceso. Si el proceso es corrupto, y no nos damos cuenta, no tenemos cómo defendernos ante las elecciones sesgadas de los medios. Dentro de lo posible, es sano preguntarnos:

¿Por qué X promueve a Y?
¿Cómo hizo X para elegir a Y sobre otras opciones?
¿Cómo tiene éxito X o Y?
¿Tiene X algo que ganar y que perder si Y provee contenido verdadero y de alta calidad?
De ser así, ¿cómo hace X para garantizar la veracidad y calidad de Y?

2) Compartir responsablemente:

La vida es un podio. Las cosas que decimos pueden llegar más lejos que lo que imaginamos. La información pobre se viraliza cuando citamos lo que escuchamos sin saber qué tan confiable es la fuente. Cuando compartimos sin cuestionar, hacemos exactamente lo que los medios quieren que hagamos. Cuando compartimos ideas pobres, nos auto-flagelamos porque empobrecemos el conocimiento de nuestro contexto social. Al mismo tiempo, cuando somos embajadores de un selecto grupo de ideas bien entendidas, elevamos la inteligencia de nuestro contexto.

3) Buscar ideas en lugar de verdades:

Gerry Garbulsky suele decir que una idea es “una lente para mirar el mundo”. Así debemos ver a cada artículo que leemos, cada entrevista que escuchamos, cada conferencia que presenciamos. Dudar es permanecer libre. No debemos descartar lo que oímos de inmediato, sino que debemos usarlo como lentes y disparadores para reflexionar sobre esos temas y llegar a nuestras propias conclusiones. Perdemos nuestra autonomía el día que nos volvemos seguidores pasivos de cualquier canal o personalidad.

Otro ladrillo en la pared

Vivimos en el mundo que construimos en nuestras mentes. Si creemos que la gente es egoísta y que el mundo es peligroso, viviremos con miedo. El mundo del futuro no ha sido definido, y será el resultado de lo que construyamos a partir de las posibilidades que imaginemos.

Los medios tiene el poder de crear profecías autocumplidas; si todas las semanas leemos cómo la inteligencia artificial nos va a dejar sin trabajo, corremos el riesgo de dejar de imaginar cómo podríamos construir un futuro diferente. El optimismo y el pensamiento independiente son más que simples perspectivas de esperanza; son el combustible necesario para construir lo que queremos. Cuando los medios reducen el mundo a simples historias virales, también desalientan a su audiencia de soñar con nuevas posibilidades.

Cuando decidimos que debíamos prestarle atención a los medios, les dimos permiso para que creen el mundo en el que vivimos. Tal y como explica Alain de Botton en su libro “The News: A User’s Manual”, las noticias son nuestra maestra:

“Una vez terminada nuestra educación formal, las noticias son la maestra. Es la fuerza más significativa en establecer el tono de la vida pública y moldear nuestras impresiones sobre la comunidad que existe afuera de nuestras paredes. Es el principal creador de realidades sociales y políticas. Como bien saben los revolucionarios, la manera de cambiar la mentalidad de un país no es atacando las galerías de arte, el ministerio de educación o los hogares de novelistas famosos; hay que llevar los tanques directamente al canal de televisión, el nervio central del cuerpo político.”

El tío de Spiderman nos enseñó que con un gran poder viene una gran responsabilidad. Mi mayor crítica hacia los medios es que descuidan y abusan el permiso que la gente les ha dado para entender el mundo. Con tal de sobrevivir como negocio, los medios hablarán de historias que se viralicen, sin importar qué tan confusas o irrelevantes sean para el éxito diario de la vida de su audiencia (tú). Por diseño, la industria de los medios no puede ser un maestro responsable

Para hacer apuestas inteligentes, debemos enseñarnos a ver el mundo con precisión. No podemos tomar riesgos inteligentes si no vemos el terreno donde estamos parados. Una manera fácil de correr riesgos tontos es leer a diario cosas que nos enojan o asustan. La vida es más aburrida y normal que lo que los medios la hacen parecer, y el camino hacia nuestra realización personal es individual, lento y silencioso. Como dice Alain de Botton, siempre debemos estar dispuestos a alejarnos:

Una vida rica requiere saber cuándo las noticias ya no tienen nada original o importante que enseñarnos; períodos en los cuales debemos rechazar relaciones imaginarias con desconocidos, y dejarle a los demás los asuntos de gobernar, triunfar, fracasar, crear o matar, sabiendo que tenemos objetivos propios que honrar en el tiempo breve que se nos ha dado.

Apuestas inteligentes: saber a quién y qué ignorar en la era de la conectividad

Apuestas inteligentes: saber a quién y qué ignorar en la era de la conectividad

apuestas inteligentes

Una de las teorías fundamentales en mis artículos semanales es que, en la era de la conectividad, es más difícil descubrir las oportunidades de colaboración que más nos convienen. Esto importa porque la manera de conseguir casi todo lo que queremos en la vida es a través de colaboraciones exitosas. Ya sea información, clientes, trabajo, o pareja, todo lo que buscamos se encuentra “detrás” de alguien. Alguien debe darnos la información que necesitamos, o pagarnos por nuestro producto/servicio, o querer contratar a alguien como nosotros, o elegirnos como su pareja. A cambio, les damos nuestro tiempo y atención, o les entregamos nuestro producto/servicio, o trabajamos para ellos, o les damos nuestro amor.

La sociedad funciona en base a interacciones persona-a-persona, sin importar cuanta tecnología haya de por medio.

Lo difícil jamás es saber QUÉ hacer, sino saber CON QUIÉN y CÓMO hacerlo. Tenemos acceso a información ilimitada, y podemos conectaros con cualquier persona del mundo, y podemos publicar nuestros pensamientos de inmediato y sin costo alguno. Pero eso significa que debemos trabaja más duro que antes en descifrar qué conviene leer, con quién deberíamos trabajar, y qué deberíamos decir y dónde.

El precio que pagamos por la libre conectividad y abundante información es correr riesgos más elevados de tomar decisiones pobres. Es más fácil errarle al objetivo cuando hay opciones ilimitadas. Si viviésemos para siempre podríamos probar todo o esperar para siempre antes de actuar, pero nuestro tiempo es limitado. Si queremos tener una lectura precisa de las buenas y malas posibles colaboraciones a nuestro alcance, debemos limitar la cantidad de información pobre que absorbemos.

El riesgo es parte de la vida. Cada acción o inacción en nuestra vida pone en riesgo nuestros intereses, por lo que debemos ser inteligentes con los riesgos que corremos.

La mejor manera para tomar riesgos más inteligentes es aprender a identificar qué NO leer, con quién NO trabajar, con quién NO ponerse en pareja. Este proceso requiere que experimentemos de por vida, pero como dijo Nassim Taleb: “aprender a vivir es saber qué evitar”.

El mundo no quiere que tengas éxito

La colaboración es más difícil hoy porque es más difícil saber a quién deberíamos ignorar. Cada persona tiene su propia agenda, por lo que hoy hay más agendas que nunca con acceso a nosotros y compitiendo por nuestra atención. Dan Ariely, el célebre profesor de psicología conductual explica:

“El mundo no actúa en nuestro beneficio a largo plazo. Cuando caminas por la calle todos los negocios quieren tu dinero de inmediato; en tu bolsillo tienes un teléfono y cada aplicación quiere controlar tu atención ahora mismo. La mayoría de los agentes que rodean nuestras vidas quieren que nos equivoquemos para su beneficio. El mundo está dificultando mucho las cosas”.

Si a eso le agregamos que ahora tenemos pleno control sobre nuestra presencia online, es muy fácil ser víctima de la agenda de alguien cuyos intereses van en contra de los nuestros. Es difícil saber quién miente o exagera en su website, blog, o perfil online.

A veces la gente paga por sus mentiras, como el famoso caso de Jonah Lehrer, pero son excepciones. En general las personas y las organizaciones pueden decir cualquier cosa sin temor a sufrir consecuencia alguna. Por ejemplo, el escritor Dan Lyons recientemente publicó un artículo para el New York Times sobre la cultura de trabajo en el mundo de los startups tecnológicos, y “bastardeó” el best-seller The Alliancepara reforzar su idea sobre la falta de seguridad laboral para dichos trabajadores. Aquí comparto un extracto de la respuesta para Lyon de parte de los autores buscando corregir el mensaje:

“Construir relaciones de confianza es el núcleo de nuestro modelo. En el libro escribimos: “Nuestro objetivo es proveer un modelo para transformar relaciones laborales transaccionales en relaciones centradas en la confianza… Al construir una alianza beneficiosa para ambas partes en lugar de simplemente intercambiar dinero por tiempo, empleador y empleado pueden invertir en la relación interpersonal y correr los riesgos necesarios para buscar retornos aún más elevados.” Esto es lo que Dan dice de nuestro modelo: “Para los autores, un trabajo es una transacción en la que un empleado provee un servicio, cobra un dinero, y se va”. ¡Te hace pensar si de verdad leyó nuestro libro!”

Yo he leído The Alliance y he aplicado personalmente su modelo con excelentes resultados, así que veo dos posibles explicaciones para la interpretación de Lyons en su artículo: no leyó el libro, o lo leyó pero decidió ignorar los hechos para mantener su historia deseada.

¿Sufrirá alguna consecuencia debido a su periodismo inmoral? ¿A alguien le importa? ¿O acaso el ya es demasiado tarde y su información imprecisa ya se encuentra firme en la mente de sus lectores?

La urgencia y la abundancia dominan el mundo online. Nos apresuramos para mantenernos actualizados con todo lo que nos llega. Nos cuesta y molesta tener que verificar los hechos. No tenemos suficiente “ancho de banda” mental para perseguir precisión informativa o disculpas. Por esto creo que, entre tantos perfiles engañosos, testimonios amigueros, números inflados y periodismo irresponsable, una de las habilidades que todos debemos desarrollar en la era de la conectividad es poder detectar las mentiras y exageraciones digitales. El uso inteligente de nuestro limitado tiempo y dinero está en juego.

Cuatro maneras en las que las personas son mejores que las máquinas

Cuatro maneras en las que las personas son mejores que las máquinas

cuatro maneras

Simon dice…

Simon Sinek cambió el mundo. Si nunca viste su charla TEDx “Cómo los grandes líderes inspiran la acción”, debes hacerlo de inmediato. Sinek dio un mensaje simple, necesario y poderoso en el momento correcto, en el canal adecuado, en el formato ideal. Y es por eso que sus ideas tuvieron gran impacto en el mundo de los negocios. Su análisis de lo que motiva a las personas para comprar algo o seguir a alguien proviene de recorrer un largo camino trabajando en entender a la gente. Habiendo trabajando en ventas toda mi vida, puedo validar la efectividad de su filosofía.

Si observamos cómo evolucionó la manera en la que muchas organizaciones comunican su misión corporativa, podríamos decir que Sinek ayudó a más negocios a crecer sus ventas con sus ideas en torno a las emociones y razón de ser de las personas, que muchas aplicaciones, CRMs, y otras tecnologías con un objetivo similar.

Simon Sinek no es un programador, ni un ingeniero, ni un científico. Él gana dinero por entender a la gente.

Viajar es un arte, no un algoritmo

Airbnb, la plataforma online para publicar, descubrir y reservar viviendas, es una de las empresas de mayor crecimiento de la última década. Actualmente tiene una valuación de 25 mil millones de dólares, con más de 60 millones de usuarios en más de 34 mil ciudadades del mundo. Puede resultar sorprendente saber que cuando su CEO, Brian Chesky, quería consejo sobre qué dirección debía darle a Airbnb, no acudió a un programador o a un ingeniero; llamó a Alain de Botton, filósofo y autor de El Arte de Viajar. Chesky valoró los esfuerzos de Alain en descifrar lo que busca la gente a la hora de viajar, y solicitó sus sugerencias sobre cómo Airbnb debería satisfacer a sus viajeros.

Su co-fundador, Joe Gebbia, recientemente disertó en TED y explicó que el éxito de Airbnb se debe a que “diseñaron confianza” en la plataforma, y reflexionó hacia el final de su charla “¿Qué más podríamos diseñar a partir de la confianza?” La respuesta no se encuentra en entender a la tecnología (aunque también es importante), sino en entender a la humanidad. Tal y como Alain de Botton lo viene haciendo toda su vida.

Comunidad primero

Instagram, la plataforma online para compartir fotografías, tenía solo 13 empleados cuando fue adquirida por Facebook por mil millones de dólares en 2012. Esta es una de las redes sociales más grandes del mundo, así que seguramente deben haber priorizado la tecnología desde sus inicios, verdad? Incorrecto. Su éxito se debe a que priorizaron entender a su comunidad y sus preferencias, para así poder brindarles un mejor servicio. Es por eso que su primer empleado, Josh Riedel, no fue un ingeniero o un diseñador, sino que fue un “community manager” encargado de sostener y acrecentar las relaciones de sus usuarios dentro de la plataforma.

La necesidad de construir y manejar comunidades no va a desaparecer pronto. El desafío de entender lo que cada comunidad de usuarios necesita para crecer es una gran oportunidad profesional para aquellos cuyo foco de trabajo son las personas.

Jugar es gratis, ser “cool” es pago

Riot Games es la empresa detrás del videojuego online gratuito League of Legends, número uno en el mundo. Pero si es gratis, ¿cómo pudo ganar 1,6 mil millones de dólares el año pasado? Permitiendo a sus jugadores que paguen por vestimentas o accesorios, cuya función es puramente estética y no afecta el juego o las habilidades de los participantes de ninguna manera. Esto es lo que el co-fundador de Riot, Marc Merrill, llama “el factor cool”:

“Todos nos decían que si no cobrábamos para jugar, o si no vendíamos habilidades extras, el negocio no iba a funcionar. Pero eso no tenía en cuenta el factor cool. Si te gustan los autos, no te molesta pagar 50 mil dólares extra para embellecer tu Honda. Ese es el tipo de jugador que buscamos”.

Es necesario tener un conocimiento profundo y contra-intuitivo de lo que motiva a los jugadores para confiar que pagarían tanto dinero por parecer más cool en un videojuego gratis. Además, es necesario ser creativo para imaginar y crear algo cool que la gente quiera comprar.

Habilidades como la creatividad y la psicología de la motivación son únicas de los humanos. El mantra de Riot es que “los ingresos son secundarios, la experiencia del jugador es lo principal”. Hay una gran oportunidad para que varios profesionales aprovechen su creatividad y comprensión de las personas, y así diseñar más experiencias rentables.


Con estos ejemplos no pretendo disminuir el impacto, expansión o importancia de la tecnología. La tecnología avanza rápido y a diario. Todos debemos prestarle atención, y dominar diferentes herramientas según nuestra situación individual para poder navegar el futuro.

Pero no estoy preocupado por que nos olvidemos de la tecnología. Debido a su novedad constante, los medios y varios “expertos” ganan su dinero de contarnos sobre cada “innovación”, alarmándonos en el proceso, sin importar la probabilidad real de que cada una de estas invenciones cambie cómo vivimos o trabajamos de alguna manera o en un plazo de tiempo significante.

Lo que sí me preocupa es que nos olvidemos o subestimemos el trabajo que requiere entender lo que las personas quieren, cómo lo quieren, y por qué lo quieren. Me preocupa que dejemos de apreciar las cosas que estamos programados para hacer mejor que las máquinas. Me preocupa que nos obsesionemos con imaginar maneras en las que las máquinas y los hombres competimos, en lugar de imaginar cómo complementarnos.

¿Cuáles son los desafíos y oportunidades para las profesiones sociales en la era de la conectividad?

¿Cuáles son los desafíos y oportunidades para las profesiones sociales en la era de la conectividad?

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¿Qué se debe hacer para ser un gran arquitecto, programador o científico? Mucha gente estaría de acuerdo con esta “fórmula”: Estudiar mucho, mantenerse informado sobre nuevos descubrimientos, y experimentar constantemente con las oportunidades, técnicas e ideas que nos interesen utilizando las habilidades e información que adquirimos gradualmente. Eventualmente, uno puede llegar a ser un experto o realizar nuevos descubrimientos en su profesión.

Cal Newport, autor y profesor de la Universidad de Georgetown, define este proceso como “trabajo profundo”: actividades profesionales realizadas con concentración y sin distracciones, que exigen el máximo de nuestras capacidades cognitivas. Saber qué significa trabajar profundo es importante porque, como dice Cal, “la habilidad de realizar trabajo profundo se está volviendo más escasa y valiosa al mismo tiempo. Como consecuencia, en esta economía triunfarán quienes desarrollen y prioricen el trabajo profundo de su profesión.”

Trabajar profundo es más escaso porque la mayoría de la gente ya no puede concentrarse. Actualmente tenemos una capacidad de atención inferior a la de un pez.Vivimos distraídos debido a la expansión de tecnología barata y conectividad. Smart phones, redes sociales, blogs… Todos tienen un poco de culpa en impedirnos trabajar con profundidad.

Al mismo tiempo, trabajar profundo es más valioso porque para tener éxito en un mercado profesional hiper-conectado es necesario 1) crear valor sobresaliente que supere a la competencia, y 2) aprender cosas nuevas y difíciles rápidamente. Ambos objetivos requieren esfuerzo y concentración.

La fórmula de trabajo profundo para los arquitectos, programadores y científicos es clara… ¿Pero cómo es trabajar con profundidad si nuestro trabajo gira en torno a otras personas? ¿Cómo debe concentrarse alguien que intenta entender a la sociedad y la humanidad? ¿Cómo es un contexto sin distracciones si el objeto de análisis es otro individuo, y no un químico o una serie de secuencias matemáticas? ¿Cuál es la fórmula de trabajo profundo para el sociable, el conector, el maestro, el vendedor, el manager, el psicólogo, el empleado de recursos humanos?

Nota aparte: Aunque la práctica deliberada es esencial para volvernos expertos en muchas profesiones, Anders Ericsson explica que los principios de la práctica deliberada sirven principalmente para campos muy estudiados y desarrollados, como los deportes y la música, pero no funcionan si queremos volvernos ser excelentes maestros, consultores, o emprendedores.

Estas preguntas me interesan por dos motivos. Primero, porque soy un comunicador. Mi trabajo gira en torno a hacer observaciones, entender a la gente, y unir perspectivas diferentes, ya sea que lo haga vendiendo, enseñando, escribiendo o disertando. Si quiero tener éxito, debo entender los requisitos de trabajo profundo de mi profesión.

Segundo, porque si queremos entender el presente e imaginar el futuro del trabajo y el emprendimiento, debemos esperar el mismo nivel de concentración y experimentación de los problemas y habilidades sociales que vemos en los deportes, la ciencia y la tecnología.

Donde la tecnología falla

La tesis principal detrás de los correos que envío cada domingo es que todo lo que queremos en la vida está detrás de otras personas, ya sea consejos, ideas, empleo, empleados, clientes, socios, incluso el amor y las amistades. Para saber dónde buscar y cómo conseguir lo que queremos, necesitamos saber donde están estas personas y qué tipo de interacciones debemos tener con ellos para generar una respuesta positiva. El desafío es que, en la era de la conectividad, las distracciones y el “ruido” están en su punto más alto. Desarrollar colaboraciones valiosas se ha vuelto, en varios aspectos, más difícil que antes.

Para entender los detalles de los problemas y las necesidades de las personas con las que debemos colaborar requiere un nivel nunca antes visto de trabajo profundo social. Al igual que cualquier tecnología revolucionaria del pasado, internet cambió el comportamiento humano para siempre, pero la diferencia es que también aceleró la adopción de las tecnologías que le siguieron. El resultado es tener que entender los cambios de comportamiento en las personas a un ritmo exponencial.

Esto asusta y frustra a muchos inventores, emprendedores y tecnólogos; saben que no entienden a las personas, y que sin personas no tienen usuarios. La cantidad de cosas que inventan que nadie quiere usar es sorprendente, y les ocurre porque ignoran la complejidad del comportamiento de los consumidores.

Me alegra que existan esos miedos y frustraciones porque nos recuerdan que las personas son más importantes que la tecnología, no solo porque son los usuarios y clientes, sino porque son los únicos que pueden hacer el trabajo profundo de entender a un mercado. El desafío no es entender a las personas en el vacío teórico y académico de la filosofía, psicología o biología, sino entenderlas dentro de un contexto tecnológico cambiante.

Jaron Lanier, célebre pionero de la realidad virtual y opositor a la promesa utópica de la inteligencia artificial, escribió en su libro “No somos computadoras”: “lo más importante en cuanto a la tecnología es cómo cambia a la gente”. Luego reflexiona:

“‘¿Qué es una persona?’ Si supiera la respuesta, podría programar una persona artificial en una computadora. Pero no puedo. Ser una persona no es una simple fórmula, sino que es una búsqueda, un misterio, un salto de fe”.

Veo muchas oportunidades para que triunfen aquellos que se animen a dar ese salto.

¿Cuál es tu multiplicador x 10 en tu estrategia profesional?

¿Cuál es tu multiplicador x 10 en tu estrategia profesional?

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Cuando la gente me pide consejo sobre su idea de negocio, suelo decir que si la idea 1) no va a crear un mercado nuevo, o 2) no es 10 veces mejor que su competencia, es mejor no hacerla. Es preferible seguir trabajando para otros mientras siguen aprendiendo, ahorrando, y explorando nuevas oportunidades e ideas. Daniel Kahneman explica que, en general, la gente obtiene mejores retornos económicos trabajando para otros que lanzando su propio negocio. Lamentablemente, los emprendedores son como los conductores: el 90% creen que son mejor que la media, y que ellos escapan a las estadísticas.

Nota aparte: Este consejo no es válido para aquellos que lanzan un proyecto por motivos personales (aprender nuevas habilidades, conocer gente, poner a prueba su espíritu emprendedor, descubrir sus intereses, etc.). En esos casos, la definición de éxito es subjetiva, y no se mide en dólares, market share, o ritmo de crecimiento.

La trampa en la que caen la mayoría de los emprendedores no es que tengan una idea mala, sino que tengan una idea decente. Las ideas más peligrosas son aquellas que suenan bien en teoría y en la fantasía de sus fundadores, donde los consumidores son racionales y todo sucede linealmente. Es fácil cometer el error de tener una idea levemente superior que algunos aspectos del status quo y convencerse de que es una gran idea, porque ignoramos otros aspectos, y las combinaciones de los mismos, que explican el comportamiento aparentemente irracional de los consumidores. He cometido este error muchas veces.

Cuando algo es levemente mejor que lo que las personas están acostumbradas a hacer, nos estamos embarcando en un mercado altamente competitivo y estresante, con alto riesgo de fracaso o mediocridad, porque la gente no cambia su comportamiento por mejoras leves a su vida.

“Hay que tener” versus “sería lindo tener”

Mi amigo Jun Loayza me dijo una vez que él trata de no caer en la trampa de construir productos o servicios que “sería lindo tener”, y solamente construir aquellos que “hay que tener”.

Un producto o servicio que “hay que tener” es aquel que, una vez que entendemos cómo funciona y lo que haría por nosotros, pagamos para obtener. No nos quedamos con las ganas, sino que hacemos todo lo necesario para conseguirlo lo antes posible. Entendemos claramente cómo mejoraría nuestra vida, y por lo tanto, sería estúpido no adquirirlo.

Un producto o servicio que “hay que tener” es aquel que crea un mercado nuevo, o es 10 veces mejor que su competencia.

Uber es 10 veces mejor que los taxis. Para muchos viajeros, Airbnb es 10 veces mejor que un hotel o hostel. Si la conexión a internet anda bien, Skype es 10 veces mejor que el teléfono. Netflix es 10 veces mejor que alquilar películas.

Por otro lado, un producto o servicio que “sería lindo tener” es un canto de sirena; suena bien, se ve bien, la gente nos va a decir que está bueno y que fantasean con comprarlo y usarlo… Y al final del día no recibimos suficientes clientes. El hecho de que una idea tenga algo de valor no quiere decir que tenga suficiente valor para que las personas cambien su comportamiento por ella. A pesar de lo que digan, cuando llega el momento de invertir en la compra, estas personas eligen mantener el status quo de su comportamiento como consumidor.

Miremos al sistema educativo. El sistema se mantiene fuerte, a pesar de que ha habido una explosión de ofertas innovadoras en la educación, tanto online como offline. La mayoría de la gente sigue eligiendo la escuela y la universidad, sin importar el costo, en lugar de desarrollar sus habilidades, credenciales y redes de contactos a través de programas alternativos. Hay excepciones, pero en su mayoría, estas ofertas alternativas caen en la categoría de “sería lindo tener”. Los cursos online abiertos y masivos (“MOOCs”) son gratis pero el 98% de sus participantes los abandonan antes de terminarlos. Los “bootcamps” independientes no logran brindar ciertos beneficios psicológicos que dan las universidades, como la sensación de pertenencia, reputación o claridad a futuro. Estas ofertas nuevas subestiman la inclinación del ser humano hacia lo rutinario, conocido y culturalmente aceptado, y por lo tanto no dejan de ser percibidas como “lujos”.

Nota aparte: Esto no significa que uno no debería construir un negocio al menos que tenga potencial de ser un monopolio multi-millonario. No hay nada de malo con un negocio pequeño, pero 1) también debemos descifrar qué comportamiento queremos cambiar en el grupo pequeño de personas que queremos como clientes, 2) liderar un negocio en un mercado saturado puede traer consigo costos elevados a nuestro bienestar emocional, relaciones y finanzas personales, y 3) es posible que podamos ganar más dinero, trabajar menos horas, y ser más felices/sanos vendiendo nuestras habilidades a alguien más.

La pregunta que se hace un cliente o usuario jamás es “¿hay algo de valor en este producto/servicio?”, sino “¿Es esta la mejor elección para mí entre todas mis posibilidades?” Al igual que en la vida, lo importante es el costo de oportunidad, no el valor neto de algo. Propongo que para superar el costo de oportunidad del comportamiento establecido de un consumidor, debemos ofrecer algo 10 veces más valioso que su status quo.

La colaboración como multiplicador profesional

Simon Dudley, autor best-seller, ejemplifica la importancia de hacer cosas 10 veces mejores con la historia de cómo Netflix venció a Blockbuster por haber hecho algo radicalmente diferente (10 veces mejor) que Blockbuster, quien intentó ganar haciendo lo mismo de siempre un 10% mejor. Simon concluye:

“Cualquier negocio puede responder al desafío de ser 10% mejor. Cualquier negocio puede pensar “Creo que puedo exprimir otro 10% de mi empresa si trabajo más duro. Voy a ser un poco más eficiente. Voy a hacer que mis vendedores trabajen más fuerte. Voy a estirar mi presupuesto de marketing un poco más. Voy a presionar a mi agencia de publicidad.

Buscar resultados 10 veces mejor puede producir mejores resultados porque uno se ve obligado a pensar diferente en lugar de volverse una versión levemente más eficiente que la actual. […] En el mundo actual, donde los cambios son tan acelerados, querer mantenerse en juego simplemente exprimiendo otro 10% es una estrategia perdedora. Si no estás buscando maneras drásticamente diferentes de hacer negocios, probablemente serás reemplazado.”

Entonces, ¿qué tiene que ver todo esto con tu vida profesional?

Mi tésis, que todavía estoy desarrollando, es que si queremos crecer y mantenernos relevantes en el mundo de hoy debemos redefinir drásticamente nuestros trabajos y carreras. Al igual que los negocios, debemos crear y servir nuevos mercados, o volvernos 10 veces mejor que la competencia de nuestro mercado profesional actual.

Pero lo que es aún más importante, creo yo, es que la única manera de lograr esto en una era de conectividad es entender y apalancar las nuevas dinámicas de colaboración y flujo de la información entre las personas. Veo mucho potencial en la idea de redefinirnos como “agentes de colaboración e información”, en lugar de “cumplidores reactivos de tareas” porque ahí es donde el software se está volviendo 10 veces mejor que los humanos.

Nota aparte: Es casi imposible hacer algo 10 veces mejor que un software existente porque 1) un software incorpora nueva información inmediatamente, lo que significa que aprende muy rápido, y 2) aprovecha una cantidad de datos masivos provenientes del comportamiento de miles o millones de personas. Aún así, un software está destinado a correr detrás de la imaginación humana. La inteligencia artificial es incapaz de imaginar, y cualquier creación de valor requiere primero de imaginación. Mientras haya problemas por resolver, habrá valor que solo los humanos podrán crear antes de que el software tome las riendas.

Lo irónico es que, en un mundo de cambios acelerados, los que triunfarán serán aquellos que se vuelvan expertos en lo que NO cambia (las personas, la física, la matemática, etc.) y entiendan cómo adaptar su valor ofrecido a los nuevos formatos. Mientras más complejo y ruidoso se vuelve el mundo, mayor es el riesgo de no entender lo que el mercado quiere, y por lo tanto, de trabajar en la idea equivocada. Hay una necesidad creciente de entender qué está pasando y qué conviene hacer, porque las instituciones actuales (educación, medios, gobiernos, religiones, redes sociales online) están haciendo un pésimo trabajo.

Tyler Cowen, célebre economista, dijo que “ser promedio ya no alcanza”. Yo agregaría que “ser levemente mejor que el promedio es arriesgado”. Sé único o 10 veces mejor, o prepárate para frustrarte sobreviviendo al igual que las negocios levemente mejores que el status quo.

¿El futuro del trabajo?

Si uno quiere evidencia de que apalancar la información y las colaboraciones es una tendencia en crecimiento, sólo hace falta mirar a la manera en la que varios negocios multi-millonarios modernos crean y entregan su valor. Sangeet Paul Choudary, CEO de Platform Thinking Labs, explica en su libro “Platform Scale” que el mejor negocio que podemos construir en el contexto tecnológico actual es aquel que entiende y aprovecha las relaciones humanas:

“No es que el software en sí mismo se esté comiendo al mundo. La verdadera fuerza disruptiva del software es su habilidad de orquestrar personas y recursos, tomar decisiones inteligentes, y conectar a una fuerza de trabajo global. […] Ya no estamos en el negocio de construir software. Cada vez más, estamos entrando en el negocio de permitir interacciones sociales y comerciales a través de software.”

Permitir interacciones. Aunque solo hemos visto la punta del iceberg de lo que “permitir interacciones” puede significar, creo que ahí se encuentra el futuro del trabajo.

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